viernes, 14 de agosto de 2009

"lembach"

la acompañé al policlínico y llegando a casa tomamos juntos una taza de té, conversando con ema me di cuenta que le gusta demasiado el queso crema, la estufa prendida acentuaba un conversar dividido en 70 años, sin austeridad, solo calma en el hablar, emociones encontradas y palabras entrecortadas, política y religión, fútbol y bailanta, la comedia y el melodrama no se diferenciaban en nada porque cada vez me atragantaba en el agua, dormido, gravitante, seguimos con la conversación, yo la escuchaba, no pensaba, ni en inglés ni en español, ema detallaba cuando cocinaba para los jinetes del hipódromo, de cuantas veces los ratis la hacían llorar preguntando por marcos, de cuantas veces tuvo que caminar de mi casa hasta el hospital, de los libros que compraba para que yo aprendiera a pensar, me tomo las manos, me dió un consejo, breve y cautivador, precisamente algo que utilizar, no lloré, ella si, la abrazé con su chaleco gris que uso dentro de la casa (el mejor chaleco del planeta) y me retiré de la mesa, siempre pidiendo permiso y realizando un gesto de cortesía, ella me inculcó los modales de la vieja guardia, cuando todos en la calle se saludaban y conversaban

me quedé mirando por la ventana de mi pieza por si algo pasaba, ema estaba en la cocina también mirando por la ventana por si algo pasaba, ella sonríe, yo igual, no hay mucha diferencia en el actuar.

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